Ir al contenido principal

Cada día la misma historia

Cada día una nueva amenaza,
cada día un nuevo miedo,
cada día soy presa de nueva caza
a merced de lo que cree ver un ciego.

Cada día varias promesas,
cada día citas sin fechas,
cada día, mismos deseos,
pero en diferentes tetas,
cada día pensamientos feos,
cada día nuevas metas.

Cada semana tolerando al tirano,
cada mes cediendo al cristiano,
cada año cenando con el enemigo,
y cada día deseando estar contigo

Cada siglo la misma historia,
cada idiota persiguiendo la gloria,
cada milenio la misma mentira
que combate la verdad con pura ira.

Cada tarde otra derrota,
cada noche, respiración rota.
Cada muerte desaprovechada
puesto que el día repite la historia,
y aunque venga enmascarada
sé que es obra de la misma escoria.

Pero,
cada noche conecto,
y en cada vida me acepto.
cada humo agradezco,
cada reto supero,
cada queja padezco.

Aunque creas que es por vicio,
aunque no quieras entenderlo,
pues es dificil, sin querer verlo,
entiendo que te saque de quicio,
pero, en boca ahumada, no sale juicio.

Yo te amo gracias a ello,
si me faltara,
si no me funcionara,
no vería lo más bello,
y no querría sonrisa en tu cara,
pues lo consideraría una tara.

Por eso, déjame volar,
déjame quemarme
para poder descansar,
déjame besar la planta quemada,
y deja de intentar asustarme.
Deja que otros la puedan amar
como yo lo hago antes de acostarme.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cómo cambié mi divinidad por una manzana.

Quien me conoce sabe que soy muy aficionado a viajar. De todas las maneras, por cualquier excusa. Viajar da una nueva perspectiva, crea anécdotas maravillosas con las que enriquecer tu vida y la de los demás. Esto que os voy a explicar es mi último viaje. No contaré los detalles que me llevaron hasta ello. Mi viaje empieza a los 20 minutos de que aquél hombre sabio me diera ese brebaje. Me tumbé en mi cama y me desmayé. De repente me vi a mí mismo en un aeropuerto. Normalmente con la euforia de querer subir al avión para ver qué deparará el futuro, poca gente suele girarse para ver lo que deja atrás. Yo ya cometí ese error, así que esta vez miré atrás para ver bien de qué me despedía. Era yo. Y también estaba yo. Y yo también. Y también yo. Eran todas las versiones de mí que han existido antes de cada evento de mi vida que me marcó. No pude evitar llorar. Y me hablaron. Cada uno con la personalidad que tuve en aquél entonces. Algunas irritantes, otras demasiado inocentes. No pude más q...

Fumar

Quiero encerrarme en mi cuarto y fumar, quiero llenarlo todo de humo, espeso y denso, donde me pueda ocultar, y de todos los males, no ver a ninguno. Ocultarme de falsos jueces, de patriotas y otras idioteces. Que la igualdad sea ley, pues en la niebla sólo somos sombras, muere la autoridad cuando me nombras mas no habrán ni súbditos ni rey. Ocultar la pobreza, que tus lágrimas sean de irritación por el humo, y no de angustia, miedo o tristeza, que no se pongan en duda mi inteligencia y destreza sólo por lo que pienso, soy o consumo. Ocultar tu egoísmo disfrazado de preocupación, ocultar tus ganas de ser protagonista en cada ocasión, que tus miedos se vean borrosos, que la niebla tape tu propia traición, que nuble el sol que alimenta pensamientos horrorosos, que asfixie a aquellos que se alzan victoriosos porque pisan al resto, no por gestos gloriosos. Mundo perfecto, donde no se pueda ver, pero sí sentir, me parece correcto, fumar no es solo placer, también es vivir. Tarde o temprano,...

El ciervo y el leñador.

 Érase un leñador que desayunaba cada día en el porche de su casa, en el bosque, viendo a los ciervos comer, mientras tomaba su café, desnudo. Le encantaba observar con qué libertad brincaban, comían... nunca se acercaba a ellos, puesto que sabía que saldrían corriendo. No quería molestarles. Tenía miedo de que no volviesen. De entre toda la manada, había un ciervo que le cayó en gracia. Sus ojos le parecían los más bonitos que había visto. A veces se quedaba varios minutos mirándole fijamente mientras sonreía. En algunas ocasiones, creyó ver que el ciervo le devolvía la sonrisa. Un día, como otro cualquiera, salió con su taza de café a desayunar mientras veía a los ciervos. Puntuales como siempre. Pero no pudo ver al ciervo de los ojos bonitos. "Qué raro" pensó, aunque no le dio muchas vueltas. Al poco, vio a un hombre desnudo salir del bosque. Su figura era esbelta, un cuerpo perfecto, músculos definidos, piel suave, una cara preciosa, y unos ojos grandes e hipnotizantes, a...