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Mostrando las entradas etiquetadas como Relato corto

El ciervo y el leñador.

 Érase un leñador que desayunaba cada día en el porche de su casa, en el bosque, viendo a los ciervos comer, mientras tomaba su café, desnudo. Le encantaba observar con qué libertad brincaban, comían... nunca se acercaba a ellos, puesto que sabía que saldrían corriendo. No quería molestarles. Tenía miedo de que no volviesen. De entre toda la manada, había un ciervo que le cayó en gracia. Sus ojos le parecían los más bonitos que había visto. A veces se quedaba varios minutos mirándole fijamente mientras sonreía. En algunas ocasiones, creyó ver que el ciervo le devolvía la sonrisa. Un día, como otro cualquiera, salió con su taza de café a desayunar mientras veía a los ciervos. Puntuales como siempre. Pero no pudo ver al ciervo de los ojos bonitos. "Qué raro" pensó, aunque no le dio muchas vueltas. Al poco, vio a un hombre desnudo salir del bosque. Su figura era esbelta, un cuerpo perfecto, músculos definidos, piel suave, una cara preciosa, y unos ojos grandes e hipnotizantes, a...

Palabras

"Te quiero... Dani" Esas fueron las últimas palabras de un hombre que fallecía en un accidente de tráfico. Su cuerpo se paralizaba y él se dormía convencido de lo que había dicho. A tres calles del accidente, Dani estaba en la cama con otro hombre. En 10 minutos recibiría la llamada de que su esposo había muerto. Sus últimas palabras pudieron haber sido de agradecimiento o afecto hacia personas que enriquecieran su vida. Su madre, que siempre le apoyó. Su hermana que le acogió cuando su padre le echó de casa. Su sobrina, que le ayudó a pasar esa depresión... Sin embargo, sus últimas palabras fueron dedicadas a un chico guapo que conoció hace 8 meses en una discoteca, y que se estaba corriendo dentro de otro mientras dichas palabras eran pronunciadas. De todas formas... nadie oyó esas palabras, ¿qué más da? en un acto de enajenación premortem se aferraría emocionalmente a aquello que, en aquél momento, le chutara esa dosis de endorfinas justas para sentirse bien y, por eso, pa...

La obra de Martin

Martin se crió en un ambiente teatral, y de tanto ver las mismas obras día tras día, empezó a observar al público: las risas, los sonidos de asombro, los llantos... y al final un enorme aplauso. Conforme Martin iba creciendo, vio paralelismos entre la dinámica del teatro y la vida real: momentos angustiosos, felices... y decidió vivir la vida disfrutándola tanto como ese público imaginario disfrutaría viéndole. Martin vivió pensando en ese público, y en cómo reaccionaban tras cada evento de su vida. Llegó hasta tal punto que, cuando pasaba algo gracioso, esperaba para hablar, dándole tiempo al público para que deje de reir. Era una rareza que pasaba desapercibida, incluso a una chica le pareció "mono". Chica con la que pasó el resto de su vida. Un matrimonio largo, con altibajos. Con Martin cada vez más pendiente de su público que de su vida real. Pasaron los años de una vida idílica, hasta llegar al tierno y triste momento de varios familiares frente la cama de un viejo Mart...

La verdadera historia de John Belushi

Cuenta la leyenda que John Belushi estaba tan tranquilo en su hotel, hasta que, de repente, le entraron ganas ver una peli, a lo que fue a alquilarla al videoclub. Fue a ver su propia peli, por los jajas, con la prisa ni se fijó en la portada, la metió en la bolsa y se piró. Volvió a su habitación y se dispuso a verla, pero había un problema. El señor que empaquetaba las pelis para mandarlas a los videoclubes, el día anterior a mandar esa peli, se pegó una cogorza del quince, y entre risas y potas, confundió la versión estadounidense con la versión española de esa peli, la empaquetó, llegó al videoclub y el bueno de John la alquiló sin mirar. También, el grupo de traductores que se dedicaban a adaptar la película para España, se pusieron ciegos a tequila antes de ponerse a trabajar, y le pusieron el nombre ya a punto del coma etílico, lo que desarrollaría ese catastrófico desenlace. Ese problema hizo que John descubriese una verdad incómoda: en España tradujeron "The Blues Br...

John contra Cristo

John se despertó, como cada día. Hoy trabajaba, así que se vistió para eso. Traje negro, pajarita, sombrero de copa, bigote falso, un maletín con una baraja de cartas, una varita y demás triquiñuelas hechas para el oficio. Entretener a niños nunca ha sido su pasión, tampoco la magia, pero ya había asimilado que no puede pasarse toda la vida persiguiendo el sueño de ser actor, ha de pagar facturas y sobrevivir aunque eso le cueste la dignidad. Antes de salir de casa se santigua en frente del enorme crucifijo que tiene colgado en el recibidor. En un principio no era muy creyente, pero cada vez que fallaba en sus intentos de triunfar como actor más crecía su fe, en realidad no se creía ningún dogma bíblico y todo lo que escuchaba en misa eran palabras vacías para él, pero necesitaba más que nunca apoyarse en una creencia que le diera esperanza. Antes de partir hacia la casa del niño afortunado decidió ir al bar de su amiga Vanesa a tomar una cerveza, también le ayudaba hablar con un s...

La última persona de la tierra

Ya quedaban pocas personas. Poco a poco desaparecía la gente, Salva les hacía desaparecer. Todo empezó con su ex-novia. Al principio conectaron, pero en un tiempo descubrió su verdadera faceta: egoísta, manipuladora, embustera… cada vez que cometía un error, o le intentaba echar la culpa a otra persona, o intentaba dar pena. Salva vivía en una situación insostenible. De verdad le horripilaba esa persona, pero por algún motivo se sentía unido a ella. Otras personas simplemente se rinden y viven el resto de sus días unidos a las personas que les irritan, sin intentar comprender esa unión. Salva no es así, él quería entender por qué estaba destinado a estar con esa persona. La observó y analizó durante días, en los que fue pareciendo una persona cada vez más repulsiva. Tras semanas de analizar a su novia, no llegó a ninguna conclusión. Fue entonces cuando Salva se culpó a sí mismo por incompetente, y al culparse por fin se dio cuenta: ¿Y si llevaba semanas analizando a la persona equiv...

Historias al revés

Cada noche, Eva se acostaba en su cama, y su abuelo Leonardo le contaba una historia. Leonardo pretendía que cada noche su nieta tuviera una historia diferente. Poco a poco fue contándole todos los cuentos clásicos que conocía: Blancanieves, la Cenicienta, los tres cerditos… pero llegó un día en el que se le acabaron las historias y los cuentos. Esa noche, Eva estaba acostada esperando a su abuelo, y él aún pensaba en qué contarle. Se negaba a repetir un cuento. Se negaba a dejarle sin cuento aquella noche. Pensó y pensó… hasta dar con una solución. - Evita, no me gusta decirte esto, pero me he quedado sin historias – le dijo lamentándose Leonardo – pero mi abuelo me dio un consejo: siempre que no te guste algo, puedes darle la vuelta. Y así, empezó cada noche a contarle los cuentos al revés. Por lo tanto, Blancanieves pasó a ser la historia de una princesa que queda envenenada por el beso de su marido, y su madrastra la salva con una manzana. Cada noche un cuento clásico era invertido...

Sandra y el diablo.

Sandra nació ciega. Al principio fue una tragedia, pero de niña ya era una guerrera y se habituó fácil a ese estilo de vida. Pudo hacer su vida con normalidad: relaciones sociales, relaciones sexuales, estudios, trabajo… todo parecía normal a pesar de no poder ver. Un día, estando sola en su apartamento, escuchó una voz: - Hola, Sandra. - ¿Quién es? - preguntó Sandra asustada. - Tranquila, soy yo. Sandra, aún no habiendo escuchado esa voz en su vida, pudo notar como si viniera de un ente familiar. Más familiar que sus padres. Era una voz cálida, tentadora, seductora… pero familiar. - Vengo a ofrecerte un regalo. Quiero que puedas ver. Te mereces ver. - ¿Y qué quieres a cambio? - Nada, solo quiero que puedas ver. Sandra se paró por un instante. No podía creer que ÉL le ofreciera algo sin pedir nada a cambio. De todo lo que leyó sobre ese ente, sabía que no era de fiar, pero su voz era muy cálida y tranquilizadora. - No te preocupes, sé que desconfías. Soy consciente de la fama...

Le gusta arrastrar

Me llamaron porque había algo ahí abajo. Entré en ese hospital y me recibió una enfermera con cara de pocos amigos, una faz arrugada que no inspiraba ningún tipo de simpatía, era como una vieja monja de los años 70 con título de enfermería. A su lado había una niña pequeña, de unos 5 o 6 años, usaba su largo cabello para esconder su mirada, mientras sujetaba una muñeca hecha a mano con una funda de almohada con guantes cosidos en los costados, y un calcetín con boca y ojos pintados relleno de algodón como cabeza. Sin mediar palabra la enfermera abrió una puerta y bajó cogiendo de la mano a la niña, dándome a entender que quería que les acompañara. Bajando las escaleras fui notando cómo la iluminación iba disminuyendo poco a poco, mientras tanto la enfermera me explicó que la niña era la única persona que lo había visto, y desde entonces lo poco que hablaba era sobre él y su enorme sonrisa. En todo el tramo no vi a la niña hacer ningún tipo de movimiento más allá de bajar las escaler...

La leyenda del buen líder

Se dice que, hace siglos, en un país gobernaba una oligarquía muy opresora que cobraba impuestos altísimos a la población, les quitaba derechos y les trataba de una manera muy abusiva, rozando la esclavitud. Generación tras generación se fue alimentando el descontento de los ciudadanos. Era el caldo de cultivo perfecto para una masacre. Masacre que empezó con un herrero: Jack. El mismo día que el recaudador de impuestos, junto con dos guardias, vinieron a reclamarle unos impuestos demasiado altos, Jack les tendió una trampa. Primero lanzó aceite hirviendo desde la ventana a los guardias, y luego Jack abrió la puerta y empaló al recaudador con una espada. Aquello fue el desencadenante. Poco a poco, la gente se iba enterando de lo que hizo Jack, y les inspiró para hacer lo mismo. Poco a poco los guardias iban muriendo y los ciudadanos les quitaban las armas a sus cadáveres. Una vez hubo suficientes ciudadanos armados, acudieron a Jack viendo una oportunidad de unirse y derrocar al gob...

La recompensa del trabajo duro

Era el primer lunes de la nueva vida laboral de Emilio. Estaba en una buena empresa y tenía muchas ganas de trabajar y ascender. Ese día conoció a todos sus compañeros y se hizo un esquema mental del organigrama y las posiciones jerárquicas de esa empresa. Al cabo de una semana empezó a hacer horas extras, y entonces conoció a la mujer de la limpieza, quien se puso a limpiar a su lado, y sin desviar la vista de donde limpiaba, le preguntó: - ¿Haciendo méritos para subir? - Sí, quiero terminar en la última planta. - Respondió Emilio - No te pierdes nada, yo recorro el edificio entero cada día y las he visto todas. Cada planta es igual a la anterior, solo que más solitaria y fría conforme vas subiendo. Emilio prefirió no hablar más con esa señora, tenía mucho trabajo que hacer. Al cabo de unos meses le subieron a la segunda planta, donde empezó a vestir con camisa. Unos meses más tarde, subió a la tercera planta, donde el ambiente era más profesional, así que decidió empezar a afei...

Beso de buenos días.

Linda, desde que nació, cada día recibía un beso de buenos días. De su padre, de su madre, de su abuela… De niña, el beso era la señal para levantarse de la cama y empezar un nuevo día. Le ayudaba a empezar el día con amor y optimismo, era como si el beso de buenos días fuera un amuleto que la protegía y daba suerte durante todo el día. Fueron pasando los años, hasta que un día se dio cuenta de que sus padres no estarían allí para siempre para darle el beso de buenos días, así que decidió buscar pareja. No fue el mismo día, ni la misma semana, ni el mismo mes. Tampoco fue el primero que apareció, ni el segundo, pero al cabo del tiempo apareció Jorge. A la larga, Linda y Jorge se fueron a vivir juntos. Y así Linda vio cómo ya tenía a alguien que le pudiera dar sus besos de buenos días indefinidamente. Pero a veces la vida tiene planes distintos a los tuyos. Jorge fue despedido del trabajo. Al principio no supuso mucho drama, pero conforme pasaban los meses, se sentía más inútil, se...