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Beso de buenos días.

Linda, desde que nació, cada día recibía un beso de buenos días. De su padre, de su madre, de su abuela… De niña, el beso era la señal para levantarse de la cama y empezar un nuevo día. Le ayudaba a empezar el día con amor y optimismo, era como si el beso de buenos días fuera un amuleto que la protegía y daba suerte durante todo el día.
Fueron pasando los años, hasta que un día se dio cuenta de que sus padres no estarían allí para siempre para darle el beso de buenos días, así que decidió buscar pareja.
No fue el mismo día, ni la misma semana, ni el mismo mes. Tampoco fue el primero que apareció, ni el segundo, pero al cabo del tiempo apareció Jorge.
A la larga, Linda y Jorge se fueron a vivir juntos. Y así Linda vio cómo ya tenía a alguien que le pudiera dar sus besos de buenos días indefinidamente.
Pero a veces la vida tiene planes distintos a los tuyos.
Jorge fue despedido del trabajo. Al principio no supuso mucho drama, pero conforme pasaban los meses, se sentía más inútil, se deprimía, se agobiaba por el dinero… y se dio a la bebida. Aún así, cada día le daba el beso de buenos días a Linda.
Pero hubo un día en el que no pudo. La resaca era tal que Jorge no pudo moverse a la hora de darle un beso a Linda. “Bueno, sólo fue una vez” pensó Linda, pero empezó a repetirse. Linda se iba desesperando día a día, notaba cómo le faltaba algo el resto del día. Ya no veía las cosas con ese optimismo, ya no sonreía tanto. Hasta que un día empezaron a discutir.
Linda dejó a Jorge. Ella buscaba a alguien que le diese besos de buenos días, y Jorge ahora era incapaz de ello. Para una cosa que pide… ¡Qué desconsiderado era Jorge!
Un día, Linda recibió una llamada. Debía ir al tanatorio. Jorge se había suicidado tras rechazar tomar antidepresivos por prescripción médica. Linda se sentía culpable. Fue a despedirse.
Delante del cuerpo de Jorge, se dio cuenta de que él le había dado muchos besos de buenos días, pero ella nunca le había dado ninguno.
Con lágrimas en las mejillas, se acercó a Jorge y le besó. Luego le susurró entre sollozos “buenos días cariño”. Entonces Jorge se despertó con una sonrisa. Todo volvería a estar bien.
No.
Jorge no se despertó. Está muerto. Ese primer beso llegó tarde. Porque los besos son infinitos, pero la vida no lo es.

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