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La pitonisa

Érase un pueblo.
Un día, una pitonisa llegó al pueblo, montó una consulta y cada día venía gente a pedirle servicios. Que si cartas del tarot, hablar con familiares difuntos, rituales de buena suerte… todo bajo la atenta mirada de su ayudante, quien admiraba a esa mujer por su sabiduría.
Un día, entró a la consulta una mujer preciosa, muy bien maquillada, con un pelo sedoso y bien cuidado y unas delicadas manos que llevaban unas uñas perfectas, pintadas de rojo. Se sentó delante de la pitonisa y le preguntó:
- ¿Usted sabe lanzar maldiciones?
La pitonisa miró a la mujer con una leve expresión de sorpresa, en todo el pueblo nadie le había pedido ningún servicio que dañara a nadie, pero antes que le pudiera responder, la mujer le explicó:
- Mi exnovio me dejó hace un mes y ahora le he visto con otra. No quiero que sea feliz antes que yo, quiero que sufra. Quiero lanzarle una maldición.
La cara de la pitonisa dejó de mostrar sorpresa y volvió a mostrar serenidad.
- Las maldiciones son muy peligrosas, y para que realmente funcionen debes tener mucho odio en tu interior. ¿Realmente quieres maldecir? – dijo la pitonisa.
- Sí, quiero que sufra ese idiota.
La pitonisa abrió un cajón y puso un muñeco hecho con una piedra muy áspera encima de la mesa.
- Coge este muñeco y, cada vez que quieras maldecir a tu exnovio, apriétalo con todas tus fuerzas concentrando todo tu odio.
Con una sonrisa maliciosa, la mujer se guardó el muñeco en el bolso, dio las gracias y se fue.
Después de casi un año, rompiendo la tranquilidad de la consulta, entró de nuevo la mujer, pero esta vez hecha una furia. Su aspecto había cambiado. Su maquillaje estaba corrido, tenía muchas arrugas, su pelo ahora estaba áspero e incluso tenía menos que antes, sus manos ahora estaban llenas de callos y tenían las uñas rotas.
- ¡Su magia no funciona! Llevo un año apretando el muñeco aunque me duela y mi exnovio tiene una vida idílica con su, ahora, esposa. ¡Él es feliz!
La pitonisa, sin dejar que la mujer la alterara, le respondió:
- Oh, la magia de tu odio sí que ha funcionado a la perfección. Si quieres ver su efecto, entra en la habitación detrás de mí, corre una cortina y verás una ventana que da a otro punto de vista. Si miras a través de ella verás el efecto que han causado todo tu odio y las maldiciones que echaste.
La mujer se levantó con furia y fue a la habitación. Tras 10 minutos de gritos y sollozos salió destrozada, tiró el muñeco, murmuró “tenías razón” y se fue.
- Disculpe maestra - dijo el ayudante - ¿Qué vio en esa ventana que mencionaste?
- En esa sala no hay ninguna ventana, Detrás de la cortina hay un espejo.

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