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El bosque de los malditos

Nunca hablarás,
pues las palabras se clavaron en tu cuello,
amor mío, perderás,
si por lo seguro sacrificas lo bello.

Y manzanas del caos horripilantes
moldean la tierra en la que vivo.
Y los monstruos de poderes menguantes
dejan de torturarme mientras escribo.

Y me pierdo en un bosque frondoso
sumido en el éxtasis más primitivo,
y sé que estoy perdido, mas nunca lo digo,
lo creas o no, tú también, amigo,
no desesperes, sé cuidadoso,
aun no sabiendo jugar, podemos ganar el partido,
aun yendo a morir, disfrutaremos de lo vivido.

Mira al cielo, ¿Qué ves?
Humo blanco,
sorpresa de tanto e tanto,
digo la verdad, no me crees,
si tengo frío, me niegas un manto.

Vomita culebras
de lengua viperina,
oro blanco de las tinieblas,
santa y bendita cocaína,
dueña del mundo y de sus quiebras,
dueña de mortales obtusos
y de sus innumerables mierdas.

Ave rapaz que consume
todo aquello que en el bosque se pierde,
escóndete, antes de que se acuerde
de que tiene poder sobre lo que nos une.

Blanco deseo de la nada,
atrapado me encontré,
sordo, ciego, persiguiendo un hada.
No sé cómo escapé.

No sé si podría volver a hacerlo,
maldito bosque,
no quiero volver a verlo.
No voy a esconderlo.

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